Aún recuerdo cuando era pequeña, con apenas cuatro años, y mis padres me enseñaban cómo andar sin caerme, lo contenta que me ponía al comer yo sola, lo feliz que era con llegar a tocar el timbre… Sí, lo recuerdo perfectamente, como si fuera ayer mismo. Eran tiempos felicices inolvidables que marcaron mi vida.Fui feliz hasta llegar a mi adolescencia, esa sí que es una época para recordar, de dolor, amargura, desamor, fracasos, errores… Felicidad que se había esfumado. Este tiempo marcó un antes y un después en mi vida, porque aunque por fuera aparente lo contrario, por dentro siento como si me desgarraran y me dejaran sola desangrandome sobre el frío asfalto en una helada noche de invierno, pero supongo, que para eso está la amistad y el amor: son como pequeños parches que hacen que te olvides durante algún tiempo de tus preocupaciones y miedos pretegiendote de la realidad que tienes miedo a descubrir.
Después de todo, no estoy sola en este mundo lleno de inseguridades.
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